Lo que realmente queda de un padre (y no son las corbatas)
Lo que realmente queda de un padre (y no son las corbatas).
Hace años que no tengo la suerte de celebrar el Día del Padre con mi padre. Y aunque detesto las fechas que fomentan el consumismo desbocado, esta le tengo un respeto especial.
Supongo que las ausencias te hacen, a veces, más consciente de la suerte que es vivir ciertos momentos.
Hoy quiero contarte algo muy personal. No para venderte nada, sino porque creo que ejemplifica perfectamente por qué algunas celebraciones merecen la pena, aunque nos parezcan comerciales.
La pistola de calor y el estaño mágico.
Cuando era pequeña, observaba las aficiones de mi padre con extrañeza. Le gustaban actividades individuales, pausadas, con las que él disfrutaba muchísimo pero que yo, con mi visión de niña, no acababa de entender.
Pero había una cosa que para mí era pura magia: le gustaba crear circuitos eléctricos.
Vete tú a saber para qué. Te prometo que no lo recuerdo. Lo que sí puedo decirte es que no tenía ninguna relación con su trabajo. Era simplemente algo que le apasionaba.
Los momentos que se quedan grabados.
Para esos circuitos utilizaba una pistola de calor y unas barritas de estaño que, para mí, eran lo más fascinante del mundo.
Cuando se iba a poner con ello, supongo que me veía la carita de interés y me decía: "¿Te vienes y me ayudas?"
Y yo iba a mirar, pero en realidad deseando que me dejara usar aquellos "cachivaches" misteriosos. Cuando me daba "el poder de la pistola" me quedaba embobada viendo cómo esa barrita se derretía con el calor y, al caer con cuidado, se volvía de nuevo sólida uniendo cosas.
¿Qué cosas? Pues él me lo explicaba, y yo intentaba asimilar para qué servía. Pero lo importante era esa bolita de líquido que se volvía sólida. Eso era lo que contaba para mí.
Ese es uno de esos recuerdos que quedan fijados en la memoria y que puedes revivir una y otra vez.
El piso minúsculo y el orgullo en sus ojos.
Igual de grabado tengo el recuerdo de cuando invité a mis padres al estreno de mi primer piso de alquiler. Tenía 19 años.
Aquel piso no debía superar los 40 metros cuadrados. Era oscuro, un bajo a pie de calle interior, con mucha humedad y en el que te pasaba la corriente según cómo tocaras los electrodomésticos.
Pero los invité a comer. Sin saber cocinar nada decente. Con ese panorama de piso que te acabo de describir.
Lo que realmente importaba.
Lo que recuerdo no es la comida (probablemente horrible). Ni el piso (claramente mejorable). Ni las incómodas sillas del Ikea donde los tuve sentadas durante horas.
Lo que recuerdo es su mirada de orgullo porque estaba luchando por empezar mi vida independiente.
El rato que pasamos disfrutando juntos durante esa comida. Riéndonos. Sintiéndome apoyada.
El jamón y el gazpacho perfecto.
Mi padre era introvertido, pero tenía esa gracia especial que tiene mucha gente de Almería para contar las cosas cotidianas. Y como buen andaluz, el gazpacho y el jamón le encantaban.
Cuando lo veías cortar con aquel esmero su lonchas de jamón era un espectáculo verle la cara. Te decía: "¡Ten! Verás qué bueno está. Es importante cómo está cortado, finito y veteado, para que disfrutes de la explosión de sabor."
Y yo me lo comía, pero seguía pensando que me gustaba más el bocadillo de Nocilla que me esperaba por la tarde.
Ahora, años después, entiendo perfectamente lo que intentaba transmitirme.
Lo que no recordamos vs. lo que jamás olvidamos.
Tengo muchos recuerdos de mi padre. Pero curiosamente, estos momentos tan aparentemente simples tienen un lugar destacado en mi memoria.
No recuerdo qué me compraron para mi décimo cumpleaños.
Pero sí recuerdo:
- El día que nos reímos tanto que se puso rojo como una manzana y no podía parar.
- Aquellas tardes aprendiendo a soldar circuitos.
- La comida en mi primer piso diminuto.
- Sus explicaciones sobre el jamón bien cortado.
Recuerdo momentos juntos. Vivencias. No cosas.
Por qué el Día del Padre importa (aunque sea comercial).
Comparto la opinión de que muchas celebraciones se han convertido en excusas para el consumo. El Día del Padre es, sin duda, una de ellas.
Pero también te digo esto:
Si tienes la suerte de poder celebrar esta fecha, hazlo.
No por el regalo. No por la tradición. No porque te lo digan los anuncios.
Hazlo porque se acaba. Y cuando se acaba, lo que echarás de menos no serán las corbatas que le regalaste. Serán los momentos que no vivisteis juntos.
La trampa de "ya habrá tiempo"
Cuando tienes a tu padre cerca, parece que siempre habrá otra oportunidad. Otra comida. Otra charla. Otro café juntos.
Y un día descubres que no es así.
No te voy a decir que valores a tu padre (odio ese mensaje paternalista). Pero sí te invito a que no desperdicies las excusas para estar con él.
Qué regalar cuando lo importante es el momento.
A donde quiero llegar es aquí:
Un perfume más o menos, una corbata que probablemente se quedará en el armario, o cualquier otra cosa material... no será uno de esos recuerdos que te quedan fijados.
Los regalos que crean momentos.
Mi manera de entender el Día del Padre (y cualquier otra fecha especial) es basarla en la experiencia, en la vivencia, en los momentos compartidos.
Por eso, cuando preparo cestas para el Día del Padre, lo hago siempre con la idea de que sirvan para:
- Juntarse a la mesa.
- Disfrutar juntos de algo que le guste.
- Crear un momento de presente consciente.
- Compartir, más que consumir.
Porque ya sea con una cesta gourmet, saliendo de excursión, comprando entradas para ir juntos a algo que os encante... lo que quedan son los momentos.
Qué hacer este Día del Padre (si tienes esa suerte).
Si el 19 de marzo tienes la suerte de tener a tu padre cerca, mi consejo es simple:
No te compliques con el regalo perfecto. Crea el momento perfecto.
Puede ser:
- Una comida tranquila donde habléis de verdad.
- Una actividad que le guste hacer y que normalmente no os hacéis tiempo.
- Simplemente, estar presente sin prisas ni móviles de por medio.
Y sí, si quieres acompañarlo con un detalle gastronómico que podáis disfrutar juntos, adelante. Pero que el protagonista sea el tiempo que pasáis juntos, no el envoltorio.
Las cestas que preparamos para padres que aprecian lo bueno.
Este año hemos preparado cuatro propuestas para el Día del Padre:
- Un papá con clase: Para el padre elegante y tradicional.
- Un papá moderno: Para el que tiene gustos actuales pero sin perder la esencia.
- Todo un señor: Para ese padre al que siempre has admirado.
- El difícil de sorprender: Para el padre que ya lo tiene todo (o eso parece).
Todas ellas están pensadas para compartirse. Para sentarse juntos, abrir los productos poco a poco, ir probando, comentar, reír.
No son regalos para dejar en una estantería. Son excusas para crear ese momento que, dentro de años, será uno de los recuerdos que permanezcan.
Un último consejo (de alguien que ya no puede hacerlo).
El domingo 19 de marzo, si tienes la suerte de tenerlo, ve y dale un achuchón.
No hace falta que sea el Día del Padre. Puede ser cualquier otro día. Pero no dejes pasar las oportunidades de estar juntos.
Porque las corbatas se quedan en el armario y se olvidan.
Pero una tarde compartiendo una tabla de ibéricos, riéndoos de anécdotas viejas y creando recuerdos nuevos... eso se queda para siempre.
¿Quieres regalarle algo más que un objeto? Descubre nuestras cestas para el Día del Padre y elige la que mejor encaje con ese momento que quieres crear juntos.
Porque al final, lo que quedará no será la cesta. Será el momento que vivisteis mientras la disfrutabais.
Esta reflexión forma parte de las historias que alimentamos en Original Taste. Creemos que los mejores regalos son los que se viven, no los que se guardan en un cajón.