Cuando un agradecimiento merece algo más que flores.

Cuando un agradecimiento merece algo más que flores.

Cuando un agradecimiento merece algo más que flores.


Hay personas que llegan a tu vida de la manera más casual y se quedan ocupando un lugar que ni imaginabas que necesitabas. María José era nuestra vecina de al lado. Nada más.

O eso pensábamos al principio.

La vecina que se convirtió en mucho más.
Cuando te mudas a una vivienda nueva, especialmente si es tu primera casa en propiedad, todo te parece enorme. Los retos, las ilusiones, los miedos. Llegas con la cabeza llena de planes y con esa mezcla de emoción y vértigo que solo entiende quien ha dado ese paso.

María José apareció pronto con una sonrisa amable y un "si necesitáis cualquier cosa, ya sabéis dónde estoy". De esas frases que se dicen por cortesía y que rara vez se convierten en realidad.

Pero con ella fue diferente.

Fue la vecina que siempre estaba dispuesta a echarte una mano desinteresada sin invadir tu espacio.


Los años que lo cambian todo.

Cuando llegó nuestro primer embarazo su alegría fue sincera. Cuando fue pasando el tiempo y llegó el segundo bebé, seguía estando ahí, como un apoyo silencioso y cariñoso. Nos vió dejar nuestros trabajos para lanzarnos a emprender un negocio nuevo y siempre tuvo una palabra de aliento, a pesar de no acabar de entender qué era lo que estábamos intentando crear. 

Nosotros también fuimos testigos de su vida. Vimos cómo sus hijos celebraban los 18 y cómo volaban del nido para mudarse al extranjero a hacer su vida. También compartimos algunos momentos duros de pérdida.

Vivimos la chispa de emoción en los ojos de nuestros hijos cuando los invitó a su casa a elegir qué colchonetas y pelotas querían quedarse para la piscina, ya que sus hijos ya no las iban a usar.

Nos escuchó con paciencia hablar de cambios y de sueños. Siempre atenta, siempre comprensiva.


El vinagre de módena y las pequeñas grandes cosas.

El año pasado, en Nochevieja, tenía pensada una cena sencilla pero especial para celebrar en familia. A la hora de emplatar me di cuenta de que me faltaba el vinagre de módena que le daría ese toque final al plato.

María José es esa clase de vecina a la que puedes llamar en Nochevieja y preguntarle si por casualidad tiene vinagre de módena. Y que va y vuelve de la cocina con una sonrisa y un bote que te presta sin intención de retorno.

Pronto te das cuenta de que has tenido suerte de vivir al lado de una mujer así. Pero cuando eres joven y tienes la cabeza llena de ideas y sueños, no te paras las veces suficientes a agradecerle que sea así contigo.


El día que todo cambió.

Y entonces llega un día en que te cruzas en la calle y te dice: "Me voy".

La casa ya era demasiado grande para ella sola y tocaba una nueva etapa de su vida.

Pero la conversación en profundidad de aplaza, porque en ese momento ambas vamos con prisa. Y parece que aunque ya no eres tan joven, la cabeza sigue llena de ideas, sueños y tareas. Para cuando quieres tener esa conversación en profundidad, llegas tarde:

Mientras estabas de vacaciones, ella ya se ha mudado y su casa la ocupa una nueva familia.


Cómo agradecer lo que no tiene precio.

¿Cómo le agradeces a alguien años de compañía discreta pero constante? ¿Cómo le dices gracias por estar ahí en cada pequeño momento que, sumados, se convierten en algo grande?

No se trataba de dar las gracias por un favor puntual. Se trataba de agradecer su manera de ser, su generosidad callada, su presencia tranquilizadora durante todos esos años de cambios y crecimiento.

Las flores me parecían insuficientes. Una simple tarjeta, impersonal. Un regalo convencional, demasiado frío para alguien tan cálido.

Necesitaba algo que transmitiera todo el cariño que sentíamos, pero también que le diera la oportunidad de disfrutar. Porque María José es de esas personas que siempre piensan primero en los demás.

El regalo que habla desde el corazón.

Preparé una cesta de agradecimiento con aquellos productos que recordaba que le gustaban. Esos detalles que mencionaba de pasada en conversaciones casuales y que acabas guardando en la memoria sin darte cuenta.

Añadí una foto nosotros impresa y quise dedicarle un episodio del podcast sólo a ella, contándole todo lo que había significado para nosotros. Porque alguien tan especial merecía más que unas líneas escritas con prisa. Merecía que todo el mundo supiera de su existencia y a ella le quedara como recuerdo. 

El resultado fue una cajita llena de productos deliciosos, pero sobre todo, llena de recuerdos compartidos y agradecimiento sincero.


Lo que aprendí de María José.

Esta experiencia me enseñó algo importante: no siempre sabemos cuándo será la última vez que veamos a alguien que ha sido importante en nuestra vida.

María José no desapareció de nuestras vidas de forma dramática. Simplemente, la vida la llevó por otro camino. Pero ese "simplemente" puede hacer que te quedes con cosas por decir, con agradecimientos pendientes.

Hay personas que merecen saber lo importantes que han sido. Y merecen recibirlo mientras aún están cerca.


Cuando un "gracias" necesita más que palabras.

Si hay alguien en tu vida al que le debes un agradecimiento grande, de esos que no se solucionan con un mensaje de WhatsApp, quizá sea el momento de pensar en cómo demostrárselo.

Puede ser:

- El vecino que siempre te echa una mano.
- El compañero de trabajo que te cubre las espaldas.
- El médico que te trató con especial dedicación.
- El amigo que estuvo ahí cuando todo se complicó.
- Ese familiar que siempre tiene la puerta abierta.

A veces, un regalo pensado con cariño puede decir todo lo que las palabras no alcanzan a expresar. No porque sea caro o elaborado, sino porque lleva dentro todo lo que quieres transmitir.



¿Tienes a tu María José en tu vida? No dejes pasar el tiempo. Las personas especiales no son fáciles de encontrar, y el día menos pensado puede que dejen de estar tan cerca.

A veces, lo que más necesitamos decir es simplemente: gracias por estar ahí.


Esta historia forma parte de las vivencias reales que alimentamos en Original Taste. Creemos que los mejores regalos son los que llevan dentro momentos compartidos y emociones verdaderas.


Soy Ingrid y te doy la bienvenida a Original Taste & Co. ¡Que disfrutes!

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