La comida y el sexo

La comida y el sexo

 

¿Sabes comer? La respuesta a esta pregunta parece muy sencilla, de entrada. Pero seguramente tu respuesta no sea tan concisa como cabría esperar. Si piensas en esta semana me dirás que sí. Desde ayer lunes has vuelto con energías renovadas a esa dieta de control que te has propuesto llevar. Pero si piensas en el viernes o el sábado te asaltan las dudas y empiezas con explicaciones para justificar ese pequeño “resbalón” que diste con tu disciplinada alimentación.

A pesar de que parece ser que por una ley social no escrita, saber comer bien es estar siempre bajo la tiranía de las prohibiciones, la realidad es que comer bien es más que eso. Nos dedicamos a informarnos constantemente sobre pautas nutricionales y nos creemos conocedores de “la gran verdad” , pero la realidad es que vamos dando tumbos de una pauta a otra, mezclando conceptos y haciendo “copy-paste” de lo que vamos viendo o leyendo.

Si me permites la comparación, esto es como invertir en bolsa. Los que saben, invierten cuando preveen un cambio en el mercado y muchas veces (no siempre, para consuelo del resto de mortales) se forran. Los que queremos “forrarnos” los emulamos e invertimos normalmente tarde y nos quedamos las migajas, y eso con suerte!

Pues aquí pasa lo mismo. Vamos del blanco más brillante al más profundo de los negros, o lo que es lo mismo, del caldo depurativo al atracón desmedido. O incluso peor, en estado de permanente restricción,  no hay alegría, no vaya a ser que se traduzca en calorías. Y no disfrutamos en ninguna de las dos situaciones, o sentimos una culpa constante o perdemos cualquier gusto por la comida y se traduce en cubrir una mera necesidad fisiológica.

COMER, acción indispensable para la supervivencia humana. SEXO, acción indispensable para la reproducción de la especie. Ambas definiciones son algo incompletas, no? Estoy segura que estás de acuerdo conmigo en que el sexo es mucho más que eso y que una parte fundamental es disfrutar en las mil y una variantes que se te ocurran. Y porqué no podemos disfrutar sin remordimientos de algo que hacemos mínimo 3 veces al día? (y hablo del placer de la comida, por si eres de los que lee en diagonal).

Comer bien no puede ser estar siempre a dieta. No puede ser eliminar permanentemente grupos de alimentos de tu vida. No puede ser pretender comer todo lo que quieras, cuando quieras y sin control. No puede ser atiborrarte sólo de lo más dulce y que más te gusta.

No tiene nada que ver con eso. Porque encajarnos en una realidad, inmutable y estar sujetos a ella permanentemente no forma parte de nuestra condición humana. Fracasarás (y te lo digo sin acritud), porque nos movemos por emociones y afortunadamente, según mi opinión, estamos programados para inclinarnos por todo aquello que nos hace sentir bien, ser felices.

Y hay infinidad de situaciones en que nos sentimos bien y tenemos momentos de gran felicidad. Seguro que se te ocurren un millón pero, corrígeme si me equivoco, muchos de esos momentos entrañables que has guardado en tu retina tienen que ver con un momento alrededor de la mesa. Puede que tu mejor recuerdo sea de una cena, manteniendo una conversación agradable, cuando de repente te diste cuenta de que erais algo más que amigos. O puede que te emocione especialmente el ritual y los momentos que compartes en familia durante las fechas navideñas. O tal vez tiene que ver con una fecha inamovible en el calendario en que llueva o truene, y a pesar de los mil compromisos de cada uno, os reunís los amigos y hacéis una “puesta al día”.

¿Te imaginas esos grandes momentos de igual modo sin disfrutar del placer de esos platos sobre la mesa? Si tu respuesta es sí, felicidades, podrías ser el caso no documentado del humano que ha trascendido al siguiente escalón de la evolución humana. Pero seguramente te pase como a mí, esos momentos están formados por un sinfín de detalles que lo hicieron inigualable; empezando por la compañía, la situación y la comida.

¿Y de verdad prescindirías siempre, sin flaquear, a algo que es parte de tus momentos más felices? Por eso fracasamos, porque es el juego del “todo o nada” y al final es un juego en el que siempre se pierde.

Pero tal vez hay un modo en que se puede comer bien y ser feliz. Quizás tenga que ver con saber encontrar el equilibrio, entre contar calorías y soltarte la melena. Puede que sea dejarnos llevar un poquito, lo suficiente para disfrutar plenamente de esos grandes momentos que pueden pasar a las mejores historias que recordemos.

Comer sano no es una carrera contra ti mismo, o a pesar de ti mismo, sino un compañero que nos ha de ayudar a tener  un viaje mucho más largo. Un estilo de vida donde la base es el equilibrio y la clave está en cómo combinamos los alimentos. Donde debemos enfocarnos en la calidad de lo que comemos y así poder permitirnos probar todo aquello que pueda alegrar nuestro paladar.

Porque la realidad es que comer no es sólo un acto de nutrición. Y moderación no suena tan inalcanzable como prohibición.

Una alimentación saludable es como el resto de acontecimientos en tu vida, ha de fluir de manera natural. Comer equilibrado tiene mucho que ver contigo, con sentirte bien con cómo eres y con quien eres, con disfrutar plenamente de tu vida y de los que están contigo. No tiene nada que ver con las modas ni con pasar hambre. No debería ser una obsesión.Se trata de ser capaz de comer un día un trozo de tarta y disfrutarlo sin remordimientos. Y también va, por supuesto, de aprender el modo de equilibrarlo de un modo ameno.

¿Imaginas como de memorables serían algunos de tus mejores momentos si no se vieran empañados por el yugo y la tiranía del sentimiento de culpa? 

Opino que debemos trabajar por eso. Una alimentación saludable, sin prohibiciones y sin excesos. Una que nos acompaña en nuestros momentos felices y alimenta nuestras historias.

Me encantaría saber cual es tu punto de vista al respecto, así que puedes añadir tus comentarios al respecto más abajo.

Ingrid,



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